El río Río Paraná atraviesa actualmente una etapa alentadora desde el punto de vista ambiental, con una notoria presencia de peces y ejemplares de buen porte. Luego de la prolongada y extraordinaria bajante que impactó a toda la cuenca en los últimos años, el sistema hídrico muestra señales concretas de recuperación. Se observa una reproducción sostenida, abundancia de juveniles y una dinámica biológica que indica que el ecosistema se encuentra en un proceso de fortalecimiento. Aunque el nivel del agua todavía no alcanza los valores óptimos, el panorama dista considerablemente del escenario crítico que se vivió durante la crisis hídrica reciente.
No obstante, en medio de esta evolución favorable, surgió una creciente preocupación vinculada al uso intensivo de espineles. Este método de pesca, basado en líneas extensas con numerosos anzuelos que permanecen sumergidos durante varias horas, ejerce una presión significativa sobre distintas especies, particularmente sobre el dorado, considerado uno de los peces más representativos y valorados de la región.
El director del Instituto de Ictiología del Nordeste de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), Sebastián Sánchez, advirtió que esta práctica incrementa la presión sobre especies que requieren varios años para alcanzar tamaños destacados. La captura reiterada de ejemplares adultos puede afectar la estructura poblacional y comprometer el equilibrio logrado tras la recuperación reciente.
Además del impacto ecológico, el uso de espineles genera tensiones con el sector de la pesca deportiva, actividad clave en provincias como Corrientes. Estos dispositivos suelen instalarse en áreas frecuentadas por pescadores recreativos, ocasionando enganches, pérdidas de equipos y deterioro de la experiencia turística. Dado que la pesca deportiva constituye uno de los motores económicos vinculados al Paraná, un manejo inadecuado del recurso podría tener consecuencias tanto ambientales como económicas para la región.






